La palabra hebrea kosher significa apto o apropiado y se refiere a lo relacionado con el Kashrut, es decir, las leyes dietéticas judías, recogidas en la Torá que establecen 3 cuestiones básicas para los alimentos: lo que se puede y no se puede comer, los alimentos permitidos que se pueden combinar entre sí y cómo deben tratarse los alimentos para que no pierdan su pureza o condición kosher.
En otras palabras, el que un alimento o bebida sea kosher implica no un tipo específico de alimento, sino que el procesamiento de determinado alimento va de acuerdo al ritual judío y los criterios religiosos para este fin preescritos en la Torá, buscando establecer un régimen que beneficie tanto al cuerpo como al alma. Esta tradición implica una serie de restricciones muy rigurosas que no se comentarán en este artículo dedicado, exclusivamente, al vino o yayin (en hebreo).
La producción vinícola kosher, desde la siembra y manejo de la vid hasta el embotellado del producto debe ser supervisada por un Rabino quién vigila y garantiza que el proceso de vinificación se ha llevado a cabo cumpliendo con las normas necesarias para considerarse kosher.
El viñedo, por ejemplo, debe tener al menos 4 años de edad y las plantas de vid deben crecer por si solas, sin la utilización de fertilizantes –únicamente se permite la utilización de abono orgánico durante el año y 2 meses antes de la vendimia- u otra técnica que modifique la naturaleza de la planta y el suelo del viñedo debe descansar cada 7 años de producción por un año completo.
Una vez que la uva está madura, ésta debe ser cortada y transportada únicamente por manos judías y teniendo un cuidado especial en no romper el fruto ni maltratarlo.
Aquí viene un cambio importante, la fermentación del mosto no puede hacerse en madera sino exclusivamente en cubas de acero inoxidable, sin agregar ningún tipo de levadura, encimas ni ningún otro complemento. Pero lo más significativo es que ninguna persona que no sea judía puede estar en contacto con el vino antes de ser embotellado (en botellas nuevas, nunca recicladas ni previamente usadas). Todos los equipos utilizados para la producción de vino kosher deben cumplir con condiciones de limpieza extrema y jamás ser utilizados con ningún otro fin que no sea la producción del mismo vino kosher.
Una vez embotellado y a la venta, para conservar su “pureza” kosher el vino debe ser abierto y servido por un judío aunque puede ser degustado por personas de cualquier creencia o religión.
Como se puede ver, muchos de los requerimientos son utilizados también en las vinícolas de prestigio con la única finalidad de producir un vino que cumpla con altos estándares de calidad, mientras que muchas otras son rituales que van en función puramente del respeto a las creencias y preceptos de la religión judía
Creamos lo que creamos, si respetamos la cultura de otros y disfrutamos del vino, siempre será interesante probar lo que otros países producen y, dentro de esta misma diversidad, la distinta gama de productos que ofrecen, ya que es importante mencionar que los vinos kosher no únicamente se producen en Israel sino en todo el mundo. España, Argentina, Italia, etc. tienen vinos kosher.
En México tanto La Castellana como La Europea, en su amplia selección de vinos del mundo llegan a tener vinos kosher, así como Palacio de Hierro o Liverpool y los supermercados, especialmente Superama, de la Condesa, Tecamachalco y Polanco.
Vía Internet también se pueden conseguir y un excelente sitio para conocer diversas etiquetas existentes es Kosherwine.com.

El vino en cuestión es
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El chef valenciano Miguel Rocher llegó a México recientemente, con la idea de pasar aquí tres años; aunque quizá le ocurra como a muchos españoles -incluyendo al propio San Román- a quienes el encanto de nuestro país atrapa y esos tres años se vuelven décadas, “hasta se pierde la cuenta” como la misma Montserrat Mas -gerente de operaciones de D.O.- comentó durante la maravillosa velada que ofrecieron el pasado 16 de junio en la que presentaron, a puerta cerrada, Los Arroces y la Cocina Mediterránea de Miguel Rocher.
René Barbier Cava Brut Reserva:
Montecillo, Rioja tinto crianza, 2005:



estómago tenía poco espacio ya, pero el desfile de viandas continuaba ahora con los platos fuertes, constituidos por un
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