Los vinos de Helvetia

14 02 2015

Suiza, los Alpes y sus vinos

SwissMejor conocida por sus chocolates, quesos, relojes, navajas y cristalería –incluyendo la famosa marca Riedel– entre otros, Suiza es, aunque muchos no lo sepan, una zona vinícola de alta calidad, donde los Alpes generan condiciones óptimas para el cultivo de la vid con alrededor de 200 variedades distintas, cuarenta de las cuales son autóctonas.

En una geografía diversa y muchas veces abrupta, nace una pluralidad de vinos que reflejan el espíritu de los contornos que les dan origen en sus elevados picos de hasta 1,200 metros de altitud y en los valles enmarcados entre los lagos Ginebra y Neuchâtel. Pero no es únicamente la diversidad orográfica del territorio suizo, sino también la tipicidad que el origen de los viticultores aporta, destacando entre éstos a los franceses, italianos y alemanes, dentro de los cuales los vinos más apreciados suelen ser los de origen francés.

En la Suiza francesa por ejemplo, se encuentra el Valais, un valle rodeado de los imponentes y majestuosos Alpes suizos, que ofrece infinidad de vistas tanto campestres  como urbanas en sus acogedores pueblos de montaña por los que pasea el río Ródano, alimentado por arroyos que le dan un carácter más vívido en algunos tramos y de mayor paz y tranquilidad en otros.  En esa región se producen vinos tintos y  blancos, siendo las variedades de uva Chasselas, Gamay y Pinot Noir las principales protagonistas de los distintos vinos de la región, aunque hay también una amplia gama de cepas autóctonas como Humagne y Arvine y otras de difusión mundial como la Syrah o la Sauvignon Blanc.

Un vino muy popular en el valle del Valais es el llamado Dôle, vino tinto de las variedades Pinot Noir y  Gamay que, en los años buenos, constituye un vino de guarda que continuará su maduración en botella desarrollando deliciosas notas aromáticas y gustativas. ¡Pero cuidado! Ese mismo vino, en años en los que la calidad no alcanza el mínimo estipulado, se comercializa a precios más reducidos bajo el nombre de Goron y debe ser consumido casi inmediatamente.

Quizá uno de los vinos blancos más representativos de la zona sea el Fendant, producido completamente a base de Chasselas, que es un vino ligero y fresco, ideal para degustarse en temporada de verano tras las largas caminatas que nos merecen los mágicos paisajes suizos.

De uvas autóctonas encontramos el Rêze que recibe el nombre de la cepa que lo conforma y que adquiere un carácter muy especial al ser criado en barricas pequeñas. De esta misma uva se obtiene un ícono de la vitivinicultura de regiones en las que las heladas y las nevadas son comunes en los meses invernales. Se trata del Vin de Glacier o vino de hielo. Vino espeso y dulce, excelente como postre o como acompañamiento de algunos quesos curados o semicurados y magnífico compañero del foie gras.

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Otro imperdible de la Suiza francesa -pero por desgracia difícil de encontrar incluso ahí por su escasa producción- es el Humagne blanco, de sabor delicado, seco y de baja concentración alcohólica. También nombrado así por la uva que le da origen, es un vino sumamente interesante, elaborado desde la época romana y atribuido generalmente a las copas de los nobles durante la edad media. Es importante aclarar que el Humagne blanco tiene un homónimo en tinto: Humagne Rouge que en ningún caso ofrece la sutileza que el blanco y que, por el contrario, es un vino más bien rústico y robusto.

La lista de recomendaciones podría seguir por numerosas páginas más. Sin embargo, quizá conocer algunas características generales de las principales denominaciones de origen facilitará al paseante la elección de aquellos vinos que más se ajusten a sus gustos personales.

Es así que, aún dentro de los confines de la Suiza francesa, hayamos los vinos de  Lavaux que son considerados por muchos como los mejores vinos de Suiza, con sus Crus de mayor reputación en Lausana: Clos des Moines y Clos des Abbayes.

Por su parte, La Côte, en la ribera del lago Léman, ofrece vinos blancos secos, ligeros y con aguja, y vinos tintos ligeros y afrutados. En Coteaux del Orbe junto al lago Neuchâtel, en el cantón de Vaud, se producen vinos blancos ligeros y afrutados y el tinto conocido como Salvagnin, un vino intenso, de carácter frutal que acompaña divinamente la gran variedad de quesos que se encuentran en Suiza.

Caminemos ahora más hacia el noreste y adentrémonos en la Suiza alemana, donde algunos de los viñedos del Unterland, situados entre el Limmat y el Rin, son muy conocidos, entre ellos figuran Eglisau y Hüntwange. En esta zona los vinos tintos elaborados a partir de la uva Pinot Noir gozan de gran prestigio.

En la parte meridional encontraremos la Suiza italiana, que comprende dos regiones productoras: el cantón del Ticino o Tesino y la llamada Mesolcina que pertenece a los Grisones. La variedad principal de esta región es la Merlot y sus mejores vinos están avalados por el sello “Vïti”, que constituye la marca de calidad certificada por el gobierno suizo.

El Tesino además encierra palmeras, playas y un ambiente templado que atrae a miles de turistas en busca de un poco de calor en medio del ambiente alpino que predomina por el territorio. Pero además del sol y las playas, el ambiente italiano se deja sentir en las callejuelas y las plazas que suelen desbordar alegría y un carácter más relajado, típico del sur.

Aquí la vitivinicultura data de la era romana, aunque el vino de calidad no se produjo sino hasta principios del siglo XX con la introducción de la uva Merlot a los viñedos de la Suiza italiana.

Ahora bien, ya dice el refranero castellano que “comer y beber son cosas que hay que hacer” y la verdad es que uno de los deleites más grandes al respecto es lograr un buen maridaje.

Por fortuna, la gastronomía suiza equipara a la variedad vinícola, por lo que no habrá problema en concretar agradables disfrutes para el paladar. En este sentido, la gastronomía suiza al igual que su vitivinicultura, reflejan las marcadas influencias francesa, alemana y del norte de Italia. Pero en prácticamente todas ellas el queso suele ser un ingrediente fundamental. De hecho, podría uno diseñar toda una ruta turística por Suiza visitando sus distintas queserías, puesto que cada región del país cuenta con sus propias variedades de queso, desde el famoso Emmentaler con sus típicos agujeros, el Gruyère comúnmente confundido con el anterior aunque éste último no tiene perforaciones, hasta la gama de quesos frescos como el Sbrinz.

Los casi 500 quesos que conforman la gama suiza hacen de los fondues y las raclettes platillos típicos y deliciosos que son perfectamente complementados por un buen vino de la zona.

Por tanto, caminar por las pintorescas calles de los pueblos de montaña y detenerse en un pequeño restaurante-chalet a disfrutar de un fondue de queso o una raclette de queso y charcutería, como primer tiempo, acompañado por un vino de uva Merlot -si el tinto es el vino de su elección- o un blanco de uvas Chasselas, Humagne o Traminer que con su vivacidad refrescará el paladar y lo dejará listo para seguir disfrutando bocado a bocado el queso fundido de ambos platillos. Posteriormente, podemos degustar un fondue de chocolate. En este caso también nos encontraremos con diversas opciones para todos los gustos. Si se trata de chocolate amargo, la principal elección de vino sería a base de uva Syrah de la suiza francesa. El chocolate semi dulce, por su parte, marida magníficamente con un Merlot de la zona del Ticino. El chocolate con leche se recomienda con una copa de Rêze o incluso, para los amantes del dulce, con una copa de vino de hielo.

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Sin embargo, nuevamente nos encontramos con infinidad de opciones que nos hacen imposible proporcionar una guía minuciosa, por lo que un consejo general es en cada región probar los platillos típicos acompañados de vinos de la zona. Teniendo en cuenta que, más allá de la clásica y arcaica creencia de que “las carnes rojas van con vino tinto y las carnes blancas y quesos con vino blanco” lo que se busca en el maridaje es engrandecer las características tanto del vino como del platillo.

La riqueza vitícola suiza es muy amplia y pretender conocer sus distintos vinos de un solo golpe sería como aspirar a recorrer todo su territorio en un solo viaje. Es por ello que destacamos algunos de los vinos que consideramos dignos embajadores de la viticultura helvética, esperando que sus aromas y sus sabores inunden los sentidos y tiendan puentes, dejando al visitante ávido de seguir descubriendo lo que este terruño le puede ofrecer. De tal modo que si el platillo es graso y de un sabor intenso pero no condimentado, un vino blanco puede ser maravilloso, ya que refresca el paladar y evita la saturación del gusto. Por otro lado, platillos e ingredientes más condimentados quedarán en general mucho mejor con un vino tinto bien equilibrado. En cualquier caso e independientemente de estas y otras recomendaciones, lo mejor que se puede hacer es experimentar y dejarse sorprender.

Así que sin importar si su idea es conquistar la cima de Allalin a 4000 metros de altura, recorrer los viñedos del Valais  o perderse por las encantadoras callejuelas de San Gallo, alimente su espíritu y su mente sin olvidar agasajar al paladar y al estómago, deje que su olfato y su gusto lo guíen y ayuden a descubrir exquisitas combinaciones que harán que su experiencia por Suiza resulte aún más suculenta.

Si quieres saber más de Suiza, su cultura, su turismo y su gastronomía te recomiendo visitar SwissWorld


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