EGIPTO: Apetito entre pirámides

25 08 2011

De la memoria de mi vida… y de mi ordenador, rescato este artículo que escribí a raíz de mi viaje a Egito en el año 2004 y que posteriormente fue publicado en la revista GULA No.07, Año 2 de Septiembre-Octubre 2007 (Págs. 39 a 47)

 

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EL CAIRO, EGIPTO. Egipto atrae por su historia, por la inquietante antigüedad de sus monumentos y, para el glotón aventurero, por las texturas, los aromas y los sabores de su tierra, que toman la forma de sugerentes platillos. A pesar de que en la actualidad la vista de la Esfinge puede toparse con un Pizza Hut y que Macdonald´s ha inventado la McFalafel, Egipto sigue conservando las tradiciones de su cocina.

Internarse en El Cairo

El Cairo antiguo, con sus calles angostas y sus sencillas casas de piedra, sus bazares y sus casi 400 mezquitas, contrasta fuertemente con el Cairo nuevo: amplias avenidas, grandes edificios, lujosas zonas residenciales, modernos centros comerciales. Entre la parte antigua y la nueva, está la “Ciudadela” construida por el sultán Saladino en 1177. Y a penas a diez kilómetros del centro, las orgullosas pirámides de Guiza; tras ellas, el Sahara. Y en cada rincón, desde la Heliópolis a Khan Al Khalili, el bazar de raíz otomana, las opciones culinarias más variadas se multiplican.

La gastronomía egipcia no niega las influencias de todas las culturas que a lo largo de los siglos han pasado por las fértiles tierras del Nilo. Otomanos, libaneses, palestinos, sirios, magrebíes e ingleses dejaron aquí parte de sus tradiciones culinarias. Una buena opción para comenzar a explorarlas es Egyptian Nights, restaurante lounge del Marriott Omar Khayyam. Dos mujeres que cuecen pan egipcio en un gran comal de barro te dan la bienvenida al local. El chef es el amable y una de sus especialidades es el mezze: entremeses variados dentro de los que destacan el hummus de garbanza y un excelente tabule, la tradicional ensalada de sémola de trigo. Tampoco hay que perderse el feteer meshaltet, una especie de pizza que se come con queso o miel. Detalle curioso: entre las mesas, un hombre con un extraño garrafón y varios vasos de vidrio ofrece karkadé, bebida tradicional de Egipto… y de México: es agua de jamaica. Al final de la cena vale la pena sentarse en los sillones exteriores y disfrutar de una shisha (las altas pipas del Medio Oriente) bajo el espectacular cielo del desierto.

Pero para aquellos que prefieren los lugares lujosos, la Isla Zamalek, en el centro del Cairo y en medio del Río Nilo, ofrece una amplia gama de restaurantes de todo tipo de comida típica e internacional. Ahí está, por ejemplo, Abu el Sid. Comer aquí es una experiencia interesante desde el principio: basta con dejarse llevar por la decoración de tipo Las mil y una noches, que ni por un momento permite olvidar donde estamos; grandes tapetes, lámparas de cobre y ventanas decoradas con mashrabiyya, un fino trabajo en madera utilizado originalmente para permitir a las mujeres ver lo que ocurre fuera sin ser vistas. De su amplio menú hay que tener presentes la reconfortante sopa de lenteja amarilla y la harira o sopa de ramadán, que lleva jitomate, lentejas, garbanzos, huevo y un poquito de cordero. El baba ganoush, puré de berenjena asada a las brazas sazonado con tahini (pasta de ajonjolí) y jugo de limón, es delicioso. Y al final, un baklava, pastel de nuez en delgadas láminas de pasta filo y bañado en miel, y un café turco, endulzado y aromatizado con cardamomo y lavanda, ambas aportaciones otomanas a la gastronomía local.

De regreso a la ciudad, las interminables fonditas de Khan Al Khalili ofrecen una cocina típica, económica y de sorprendente calidad. Hay que perderse en ellas y probar, a la hora indicada, el koshari, un almuerzo popular en el Cairo: fideos con lentejas, arroz, cebolla y salsa de jitomate, platillo que llegó a Egipto proveniente de la India pero traído por los ingleses Si decides dedicarle un día entero a esta zona tendrás la oportunidad de descubrir joyas arquitectónicas, históricas, religiosas y culinarias que se esconden en los alrededores del ajetreado bazar.

Y así, con el estómago en plena excursión y el cerebro colmado de historia y antigüedad, se puede tomar un crucero por el Nilo: una experiencia que permite conocer los lugares más significativos del país, el ambiente y el estilo particular de su gente, sus costumbres y su gastronomía. Los puntos principales de estos recorridos suelen incluir Luxor, Aswan, Abu Simbel, Philae, Edfu, Esna y Kom Ombo.

Aswan, Luxor, Karnak

Famosa por ser uno de los lugares más secos del mundo, Aswan está en el extremo sur del Nilo. No hay que dejar de recorrer su cornisa o malecón, una hermosa calle de fuentes, ni de visitar el 1902, restaurante del hotel Old Cataract. Aunque su carta es principalmente de comida francesa, bien merece una visita para conocer el lujoso edificio victoriano que alojó a Agatha Chrisitie durante su estancia en Egipto, donde escribió su novela Muerte en el Nilo y donde posteriormente se filmaría parte de la película del mismo nombre.

Luego, el crucero parará en Luxor: la llamada “ciudad de las mil puertas” con sus templos y sus vertiginosas, colosales, estatuas de Ramsés II Imposible perdérselas. Después acaso para recuperarse de la descomunal impresión, se puede comer al aire libre en el hermoso Mahrab Arabic Restaurant, ubicado en el Jardín Nilo del Hillton Resort & Spa, en la villa gemela de Karnak. Su shish kebab (brocheta de carne a las brasas), platillo probablemente introducido en Egipto en el siglo VII por tribus árabes, y su mezze, en especial el keppe crudo, son deliciosos. También en Luxor, en el Mövenpick Jolie Ville Hotel, de la Isla Cocodrilo, está el Fellah´s Tent, otro restaurante al aire libre que ofrece platillos tradicionales como el fatush, una refrescante ensalada de pepino, jitomate, cebolla, verdolaga y aceitunas, o como el cous cous, de influencia magrebí.

El aficionado al “color local” (como es mi caso) hará bien en visitar, en la zona del templo de Kom Ombo, un famoso aunque anónimo y solitario café, típico tendejón árabe, decorado con tapetes en el suelo y en las paredes y con unos cojines alrededor para acomodarse y beber un té a la menta o un café árabe mientras se fuma una shisha, se charla y los músicos ambulantes incitan a bailar al ritmo de tambores, violines árabes y flautas.

Alejandría

Vigorosamente retratada por Lawrence Durres y cantada por Shakespeare y el poeta Kavafis, Alejandría está en el extremo norte del Nilo, donde finalmente el río desemboca en el Mediterráneo, y aunque se ve envejecida aún conserva rastros de la majestuosidad de antaño. La visita a sus ruinas romanas y su magnífica biblioteca (la más grande del mundo), moderna, impresionante, es algo que ningún viajero debería perderse.

Como buen puerto marino, Alejandría es famosa por sus pescados y mariscos. Y Kadoura es un perfecto lugar para comprobarlo. Se trata de un restaurante para locales, la comida es deliciosa y el servicio atento y amigable. Todos los lugareños conocen su ubicación así que es fácil llegar con sus indicaciones: está frente al malecón, aproximadamente dos cuadras antes del mercado de pescados.

Biblioteca de Alejandría

La aventura culinaria la iniciará el comensal eligiendo el pescado y los mariscos que se quiera comer, tal y como si se encontrara en una pescadería. Posteriormente indicará al cocinero si los quiere asados, fritos o a la cacerola y con qué preparación. Mientras el platillo es cocinado, los meseros llevarán a la mesa gran variedad de mezze, que convierten una simple comida en un gran banquete, a precios muy accesibles. Un posible defecto: la ausencia de bebidas alcohólicas, y aunque seguramente una cerveza o un buen vino blanco se antojarían para refrescar y acompañar la comida, conviene recordar que estamos en un país musulmán.

Además de restaurantes como Kadoura no hay que eludir las perfumerías, las tiendas de prendas de algodón, los bazares, los museos, los templos, las zonas arqueológicas y todo lo que este país puede ofrecer al visitante. Cada día es un descubrimiento, y en cada lugar aguarda una sorpresa. Alejandría es digno final de un viaje del que se regresa con los ojos invadidos de imágenes ancestrales, el espíritu lleno de una energía plena y el paladar impregnado de sabores trabajados durante siglos en las rutas de África y el Medio Oriente.

Abu el Sid: 157 Sharia, Zamalek. Tel: 2027359640

 

Marriott Omar Khayyam: 16 Saray El Gezira street, Zamalek. Tel: 20227283000

 

Marhaba Arabic Restaurant: Tel: 20952374933/97

 

Mövenpick Jolie Ville: Crocodile´s Island, Luxor. Tel: 20952374855

 

Kadoura: Cornisa, Alejandría (frente al malecón)


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2 responses

6 10 2011
jose angel buitron montes

es un reportaje muy bueno,que me transporto¨ al pais de mis sueños. ;bien

6 10 2011
Marisol Zimbrón

Muchas gracias José Ángel, por leernos y escribir. Espero sigas visitándonos y disfrutando de esta y otras aventuras que habremos de compartir con los vinívoros que disfrutan de este espacio.

Saludos y nuevamente gracias… Egipto, efectivamente es maravilloso.

¿Ya nos sigues en Twitter? @Entrevinos_MX

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