Asturias: La leyenda

12 07 2011

(Perdonaran la falta de formato, pero estoy escribiendo en blackberry y publicando vía correo electrónico)

“Lector: Apresta tus sentidos y afina tu sensibilidad. Vamos a entrar, si ello te place, en una tierra verde y antigua, donde lo real y lo maravilloso -la geografía y el espíritu- se mezclan y se complementan. Aquí los ríos, como los viteles, cantan romances de gesta y cuentan folclóricos milagros de Santa María, anteriores a Berceo. En los prados húmedos crecen todavía manzanas de Paraíso, y las montañas forestales clavan en el cielo sus remates en barrocas calizas escultóricas. ¡Es Asturias!”. Juan Antonio Cabezas

Conozco leyendas y canciones de Asturias, transmitidas a través de mi madre y mi abuela, otras encontradas en libros antiguos… recuerdo paisajes, aromas, sonidos, sabores que se grabaron en mi memoria desde la infancia y cuya raíz es tan profunda que permite estremecerse con el sonar de una gaita, el olor de la sidra o la simple escucha de “Asturias patria querida…”; y aún así todavía no tengo palabras suficientes para introducirlos al mundo folclórico, histórico, mítico y ancestral cuyas puertas se abren en las brañas asturianas y por eso comparto con ustedes lo que, Juan Antonio Cabezas, un grande de la literatura astur escribió sobre su tierra:

“La caótica geología del Principado de Asturias, se encrespa entre dos llanadas: al Sur, la meseta castellana, “la tierra que no es sino tierra”, en palabras de Ortega y Gasset; al Norte, esa otra llanura que no es sino agua: el bravío mar Cantábrico. El que, desde el Génesis, le muerde el flanco costero.

Balart, el poeta, cantaba:

Ásperas Asturias

que os alzáis gallardas

a la vera vera

de la mar salada.

Nombre plural, de plurales y arcanos significados, es el de Asturias, para desesperación de historiadores y filólogos. Todo empieza aquí antes de la Historia. Su origen se pierde como el romance fabuloso, los mitos raciales, las aras mutiladas y las crónicas dudosas, en una oscura noche de niebla y de siglos. Sólo nos quedan las películas de dibujos geológicos en las pantallas rupestres de las cuevas, esos cines del paleolítico.

Asturias es una región campesina, rural, pero su ruralismo está veteado con sedimentos de civilizaciones. Tiene más de Arcadia que de pastorela. En Asturias no importan tanto los colores, sinfonías de verdes y grises, como las formas, las internas armazones de su arquitectura topográfica: sus montañas. Cierto que el paisaje halaga visualmente, pero además subyuga el espíritu, anonada. Es la de Asturias una estética esencial y radical, telúrica, que tiende tanto a lo bello como a lo sublime.

Una cosa es indudable: esta región, de fuertes contrastes orográficos, ha modelado a lo largo de muchos siglos el carácter de una raza lírica, viril, rebelde y trascendente. Raza implacable en la defensa de su tierra y de sus fueros espirituales. Ha sido tan frecuente como inútil el intento de encerrar en un pequeño molde de burdos tópicos pueblerinos: gaita, hórreo, sidra, mina, vaca y madreña (almadreña)- costumbrismo rural y regionalismo literario-, lo más representativo de esta tierra, que Juan I convierte en Principado (1338), sobre cuya vieja piel topográfica acumularon la naturaleza y el hombre, las razas y los siglos, tesoros de arte, piedra y espíritu.

Asturias es una tierra vertical. Cada montaña, cada plegamiento de rocas es una vértebra colosal del gran espinazo que culmina en el macizo de los Picos de Europa. Sus remates, ruecas de caliza, en las que hila copos de niebla el viento Nordeste -Llambrión, Peña Vieja, Cornión, Urrieles, Torrecerredo, Naranjo de Bulnes, Peñas Santas-, son cimas del mundo físico que los geólogos pueden llamar como quieran: para Asturias siempre serán catedrales góticas de su edad de piedra.

El astur, pastor y agricultor primero -la “escanda asturiana” fue muy apreciada por los godos-, vive sobre la ondulada piel de la montaña. Sólo los que habitan la estrecha faja costera, 234 kilómetros de ribera entre Tinamayor y el Eo, viven del mar. Y cuando el progreso industrial lo hace minero, se mete dentro de ella para sacar a la superficie los negros bosques fósiles, esos depósitos de combustible que la montaña guardaba bajo sus faldas, desde la prehistoria.

Esta veneración del hombre por la montaña explica muchas cosas de Asturias: su mitología, con poéticos personajes anfibios, como las “xanas”; meteorológicos, como los nuberos y los ventolines; las supersticiones, las danzas seculares, druídicas, y las músicas elementales del folclore, que también proceden de la montaña y se conservan en ella. Se explica ese arte original, el prerrománico, que inician en los valles asturianos arquitectos visigóticos, huidos de la Castilla mozárabe y que buscaron las tierras libres que les ofrecían los resistentes trasmontanos, godos y astures, tras la fortaleza natural de la cordillera, al abrigo de la noble caliza de Covadonga y al amparo celestial de la “Santina”, la Virgen “pequeñina y galana”, que tiene en la montaña abrupta y forestal su altar de roca viva.

En el principio fue siempre la leyenda”.

Sé que habrán encontrado términos, referencias y más con los que no estarán todos familiarizados, pero mitología, regiones, sabores, colores y todo aquello que impregna el norte de España, irán siendo familiares para ustedes a través de mis próximos escritos de y desde tierra celta, la tierra de los Vaqueiros de Alzada, la tierra de mi abuela: Asturias.

¡Bienvenidos!
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3 responses

13 07 2011
pepin arguelles

DESDE MEXICO…GRACIAS POR REVIVIR TANTOS Y TANTOS RECUERDOS…AMO A MI PATRIA, MEXICO…PERO MI ORIGEN, MI ALMA Y CORAZON SON “ASTURIANINES”

13 07 2011
Marisol Zimbrón

Gracias a ti Pepin por leernos y escribir. Estare por estas tierras un mes, compartiendo con ustedes parte de los tesoros de esta que, al igual que tu, es tambien mi tierra. Saludos!

13 07 2011
Marisol Zimbrón

Gracias a ti Pepin por leernos y escribir. Estaré por estas tierras un mes, compartiendo con ustedes parte de los tesoros de esta que, al igual que tu, es también mi tierra. Saludos!

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