México Lindo y ¡Qué vinos!: Historia y actualidad de nuestra vitivinicultura

12 11 2008

Primera Parte

En el territorio que actualmente constituye la República Mexicana, se desconocía el vino antes de la conquista española. Si bien había cepas de vid salvajes (vitis rupestres, vitis labrusca y vitis berlandieri), su acidez no las hacía aptas para el vino, mismo que tampoco era parte de la cultura prehispánica en nuestro territorio. Sin embargo, los indígenas ya las utilizaban para hacer una bebida alcohólica a la que le agregaban miel y frutas, llamada acachul, preparada a partir de la infusión en aguardiente de caña de las uvas silvestres y otras bayas.

Fueron los misioneros españoles quienes introdujeron la vitis vinífera europea, predominando, en ese entonces, la variedad llamada Misión, actualmente conocida como Criolla. La vitivinicultura como tal, también fue iniciada en América por los misioneros como el padre Ugarte que, a finales del siglo XVII llevó las primeras vides a la zona de Baja California.

El 20 de marzo de 1524, Hernán Cortés ordenó que cada colono plantara 1000 pies de vid por cada 100 indígenas que habitaran sus tierras, de manera que los viñedos de la Nueva España se extendieron desde la ciudad de México hasta las regiones septentrionales de Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí, llegando, posteriormente hasta el Valle de Parras (Coahuila), Baja California, Sonora y también Puebla, entre otros.

Pronto la producción de vino alcanzó tal cantidad que el Rey Felipe II prohibió la producción de vino en la Nueva España (a excepción del estrictamente necesario para la liturgia católica) por temor a que dicha producción compitiese con los vinos peninsulares.

Esta prohibición constituye la primera de las diversas causas del decrecimiento que la producción vinícola mexicana sufrió desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XX.

Otro revés significativo para nuestra industria vinícola fue la pérdida de los territorios de Texas, Nuevo México, Nueva California y parte de los estados de Chihuahua y Coahuila durante la guerra con Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX.

Después de la Independencia de México, Agustín de Iturbide intentó levantar la industria vinícola nacional imponiendo un arancel de 35% a los vinos importados. Posteriormente, Antonio López se Santa Anna y su ministro Lucas Alamán, crearon la Escuela de Agricultura.

Así, en 1920 comienza el resurgir del vino mexicano, aunque se inició con vinos de muy baja calidad, sobrados de acidez. Pero a pesar de los esfuerzos, entre 1927 y 1936 únicamente 1,500 hectáreas del territorio mexicano estaban dedicadas al cultivo de vid.

A partir de 1940, los avances tecnológicos en la industria del vino comenzaron a elevar notablemente la calidad y producción del vino mexicano, sin embargo, el control de calidad era muy inestable.

Otra época importante tuvo por protagonistas a los emigrantes que abandonaron España al finalizar la Guerra Civil. Ellos, evidentes amantes del vino, renovaron el consumo y las modas de éste en México, sin embargo, a la vez impulsaron un consumo de vino importado de España que subsiste hasta la fecha.

Fue también en esa época cuando comenzó el esplendor del Brandy, convirtiendo desde entonces a México en el segundo productor de Brandy del mundo, después de España.

En 1948 se crea la Asociación Nacional de Vitivinicultores.

Dada la naturaleza de las zonas de cultivo, principalmente semidesérticas cuyo terreno no era apto para plantar viñedos, fue indispensable adaptar el suelo para su sembrado, despejando los huisaches nativos y buscando la captación de agua del subsuelo. Transformando así zonas muy limitadas para el desarrollo agrícola, en vergeles productivos y bellos.

Actualmente México cuenta con aproximadamente 70,000 hectáreas de viñedo que producen poco más de 45 millones de litros de vino y, a pesar de que el 80% de las uvas mexicanas y sus mostos se destinan a la producción de destilados como el Brandy y el Aguardiente de Caña, México produce alrededor de 200 tipos distintos de vino de mesa, ampliando constantemente el renombre de nuestros vinos a nivel internacional, habiendo superado, en la mayoría de los casos, las deficiencias técnicas y de calidad que, en tiempos pasados, impidieron su correcto desarrollo.

Nuestras zonas vinícolas, distribuidas en gran parte de nuestro territorio (desde Querétaro hasta Baja California) presentan distintas condiciones climáticas y altitudes variables, lo que se plasma directamente en el carácter de las uvas y del vino a que dan lugar.

Continuará…


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